Desde que comencé a trabajar con el proyecto “Phronesis criolla” me ha llamado la atención, en cada visita a los sitios de memoria, el mapa de la ciudad de Córdoba con una extensión hacia el Oeste hasta el dique San Roque, que todos tienen exhibidos en alguna pared, mostrando dónde están localizados los ex-centros clandestinos de detención (ex-CCD): unos 25 puntos rojos en distintos lugares y que, según el catálogo de la colección “Territorios de Memorias” publicado por la Comisión y Archivo Provincial de la Memoria (APM) menciona unos 44 sitios reconocidos por testimonios y ubicados en toda la Provincia. En su introducción la Directora del APM, Ludmila Da Silva Catela (con quien tuvimos muchas reuniones al comienzo del proyecto y a quien permanentemente consulto detalles del funcionamiento y trabajo en equipo de los actuales Sitios de Memoria) expresa: “Pensamos la colección como un corpus que aporte, estimule debates y discusiones en diversos ámbitos. Que sirva, como caja de herramientas para el pensamiento y la acción, de todos aquellos que se interesan por el pasado reciente. El terrorismo de Estado, la desaparición de personas, la tortura, los CCD, el exilio, fueron y son marcas que nos atraviesan como nación, no podemos negarlos, ni desconocerlos.” (1)

Para “Phronesis criolla” justamente esta publicación ha sido básica a la hora de pensar y desarrollar un proyecto que pudiera funcionar como vinculación de estos espacios y nuestro proceso de trabajo que pretendía aportar miradas, elucidaciones de la historia reciente, análisis de cómo ésta atravesó al desarrollo del accionar artístico de los últimos años, construirnos nosotros como actores presentes, por eso en “Phronesis criolla” propusimos desde sus inicios un trabajo interdisciplinar como medio de construcción y hacer un relato de los encuentros producidos en los ex-CCD a través de diversos medios de expresión.

En el trascurso del proyecto “Phronesis criolla (Residencia La Perla)” fue donde pude desarrollar este interés por los mapas de los ex-CCD. Comencé investigando sobre el uso de anteriores artistas de mapas, para situarme en el presente en un camino ya recorrido por otros, así llegué a una publicación que ha sido mi catálogo de guía desde el campo artístico: “Contra el mapa” de la catedrática y ensayista española Estrella de Diego. De esta autora me interesa mucho su mirada crítica sobre las certezas occidentales, muchas de las cuales han regido y rigen también el accionar político, artístico, otros… y ella reconoce en el desarrollo del pensamiento artístico los “contras corrientes” que aportan otras maneras de ver, de construir imágenes del mundo como alternativas a las verdades expresadas desde los sistemas de poder (políticos, académicos, populares, etc.). Así como los Surrealistas publicaron en la revista Varietés de Bruselas en 1929 “El mapa del mundo en la época surrealista”, su intención irónica fue hacer un mapa de la conquista de la Modernidad, donde la prin­cipal ciudad era París: “explica cómo no hay mapa objetivo, sino que depende del lugar desde el cual se definen los espacios y el mundo… y debía estar aludiendo a la política colonial que Francia había establecido desde finales del s. XVIII y que seguía vigente en 1929”. Lo paradójico es que esta conquista modernista aún hoy continúa (habría que ver dónde estaría la capital actual). El uruguayo Torres García en 1935 hizo su famoso dibujo del cono de América del Sur invertido, que ilustraba su artículo: “He dicho Escuela del Sur; porque en realidad, nuestro norte es el sur… y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quiere el resto del mundo” (pero hoy, sobre todo nuestras instituciones, no estamos mirando el lugar vacío del sur, tam­poco miramos ya a Paris, es mucho más complejo, pero creo que igual continúa la conquista del modernismo europeo en nuestras escuelas!)

Volviendo al mapa: muchos artistas en la historia reciente del arte construyeron mapas como otras posibilidades de recorrer el mundo y representar el mundo, en Argentina la obra “Sin título” (1992) de Guillermo Kuitca, pintura de un mapa de la región de Pergamino, Chivilcoy, etc, que excluye a Buenos Aires y fue pintada sobre colchones, que cambian la perspectiva habitual de ver un mapa, o la obra “planeta” (2003) de León Ferrari (un globo terráqueo lleno de cucarachas gigantes), Estrella de Diego termina su ensayo: “Es posible que el cambio que la mirada contemporánea implica, las transformaciones que conlleva una percepción del mundo globalizada y transcultural, en pugna con las imposiciones de la hegemonía, comprometa la posición tradicional del espectador también, posición de poder epitomizada por los mapas.” Esta reflexión está un poco antes del final, en realidad su texto termina citando a Borges, su obra “Mi cuerpo físico puede estar en Lucerna, en Colorado o en El Cairo, pero al despertarme cada mañana, al retomar el hábito de ser Borges, emerjo invariablemente de un sueño que ocurre en Buenos Aires”. De Diego se pregunta: “si el Buenos Aires en el que no se despierta (en estos otros lugares) sigue siendo el mismo Buenos Aires.” (2)

Dudé mucho si terminar el recorrido de “Contra el mapa” con la mención que Estrella de Diego hace a Borges, cualquier extranjero puede citarlo y es infinitamente citado, pero siendo argentina en un trabajo en relación con los DDHH es complicado: Borges aún hoy es criticado por la falta de compromiso político que tuvo y por su público apoyo a la dictadura (he oído insultos contra él en presentaciones públicas, dichas por personas sensibles e instruidas) pero, esta cita de un Borges quebrado, un ser humano como cualquiera, castigado por la ceguera, tal vez no ofenda a nadie. Su planteo poético de despertar en Buenos Aires dónde sea, me hace pensar en los exiliados, que seguramente despertaban en sus lugares, con el mapa correcto en su sueños y acorde a sus deseos, pero lejos de casa. Veo a Borges como exiliado de su propia realidad.

El mapa de Córdoba con los ex-CCD representa la conquista militar en el período de dictadura, como muchas otras de la historia de nuestro país, realizada con extrema violencia y abusos de los DDHH. Los Organismos de DDHH con mucho trabajo han logrado recuperar y/o señalizar algunos de estos como museos y/o “Sitios de Memoria”, algunos están hoy abiertos al público, donde se puede acceder a información sobre lo allí ocurrido, a los informes, declaraciones, archivos, testimonios, etc.

Con respecto al mapa general, al comienzo del proyecto tenía la intención de poder visitar todos estos lugares, luego al familiarizarme con los sitios recuperados y prin­cipalmente por el proceso de trabajo compartido con los que participaron a lo largo del proyecto desde fines de 2009, veo ahora que desde el campo del arte el aporte tiene más sentido si es realizado en acompañamiento al trabajo de los Organismos de DDHH, apoyar la re-conquista pacífica y poder aportar sobre el significado en el presente, en las posibles intervenciones, en la cabida del arte en estos espacios donde sus salas de exhibición tienen la carga de su historia. Y en este aspecto el proyecto “Phronesis criolla” funciona como un generador de dispositivos de interacción, un mediador entre el objeto y un otro que aún no accedía, un aporte de energía y pulsión de vida por la misma acción de realizar allí actividades. Estos vínculos los considero “piezas de comunicación”.

Proyecto personal como residente:

El mapa me sirve para pensar en la situación geográfica de cada uno de los ex-CCD en el que hemos trabajado, pero lo que me interesa sobre todo es la situación pre­sente y cada grupo humano que acciona en ellos en el proyecto de recuperar la memoria, los que trabajan en estos lugares, los que acuden frecuentemente, con ellos hemos compartido la acción de estar allí, ellos hablan de mostrar un trabajo realizado en equipo, casi no dan voces individuales. Es una diferencia con la “autoría” del artista que asume una responsabilidad individual. Decido que el soporte más adecuado es un registro fotográfico. Pero quiero accionar con ellos, no retratarlos. No verlos a ellos puntualmente ya que a partir de haberlos visto e intercambiado, empecé a mirar hacia afuera del objeto.

¿Qué hay más allá? ¿qué se está tejiendo en otras situaciones también presentes y que afectarán a todos?

¿Qué será de esa basta extensión de tierras que rodea La Perla?

Pienso realizar cuatro piezas fotográficas (cada una registra la vista de unos 200 metros), tomadas en la primavera (o sea, próximamente):

“La Perla: Vista Este” – “Las Perla: Vista Norte” – “La Perla: Vista Oeste” – “La Perla: Vista Sur”

Secuencias de un registro fotográfico, con tomas cada “x” metros realizadas con una grilla geométrica de ayuda para recomponer las vistas en dimensión plana de cada horizonte cardinal, como son los planos de fachadas de proyectos de arquitectura, un imagen irreal pero a la vez útil técnicamente. Este tipo de registro es un recurso que he usado/uso mucho como diseñadora, para establecer las vistas de las ventanas de los locales que diseñé/diseño en mis proyectos. Pero como piezas sus dimensiones serán a su vez copiadas a escala de la sala de exhibición, con un estudio previo de plantas de arquitectura de la sala en la que se pueda inscribir la planta del predio de La Perla, que al estar inscripta en la sala será también mirar desde ese “adentro” como sala vacía, hacia el paisaje que rodea La Perla a escala de la sala, ese ecosistema natural presentado al espectador, un basto y extenso paisaje que topa en las sierras que recortan el cielo.

Las vistas que no vieron (o tal vez en breves momentos) los secuestrados clandestinos y que gozaron sus verdugos, las mismas vistas que como residente he estado por horas mirando, buscando alguna explicación del inexplicable horror, o en todo caso de la falta de reflexión y sensibilidad.

En el período de tiempo de residencia que pude compartir con los compañeros y buenísimos interlocutores, guardé nuestras charlas de cómo pensar nuestro lugar desde “el lugar”, viviéndolo, transitándolo, luego (ahora) en la distancia poder seguir elaborándolo adentro de un proyecto personal y otro compartido.

El mapa de La Perla (La Reserva Bamba) representa para mí la mirada sobre la extensión de tierras ambicionadas, y en este punto, pienso que estas tierras repre­sentan la codicia (hoy inmobiliaria) de una larga historia de país conquistado, de tierras apropiadas para la explotación (de todo tipo). Creo que sería un acto simbólico muy sanador para esta historia, que el campo que rodea La Perla continúe vacío, como la reserva natural que plantea el proyecto “Parque para la memoria”. No para un proyecto de arquitectura, sino para uno que piense desde paisaje y ecología, y, que sea capaz de generar un vacío en el espectador para que pueda preguntarse y buscar su lugar allí.

A partir de esta residencia también planteo un cierre de proyecto personal en los otros Sitios de Memoria, quisiera documentar los horizontes de los demás: Campo de La Ribera, APM, Hidráulica, etc. veo que la inscripción presente de estos lugares es importante contextualizarlos, para entender sus relaciones con el entorno, diferentes en cada uno, cada sitio está trabajando con las necesidades de recuperación en distintas áreas y éstas tienen que ver con su ubicación geográfica dentro de la ciudad (dentro del mapa de los ex-CCD), su ubicación dentro de la historia y en el presente como espacios públicos.