Memoria de la Residencia

Primera demolición:

Los límites se activan con la pertenencia es por eso que las identificaciones pueden servir como documentos , pró­tesis de un cuerpo cualquiera, mecanismos para homoge- nizar y diferenciar, certezas que se desdibujan en el espa­cio o el tiempo estadístico, quiero decir que nacer en Honduras el 2 de marzo de 1977 no es lo mismo que nacer en Argentina el 2 de marzo de 1977, sin embargo, Latino­américa es una sola y sus realidades laten al unísono.

El contexto donde crecemos nos va definiendo por eso no puedo dejar de pensar en la fecha de mi nacimiento y ¿Qué hubiera sido de mi vida si hubiera nacido en Ar­gentina?

La extrañeza rebota en las paredes, de La Perla y solo encuentra un asidero en esa fecha.

Aquí me aferro a una sensación emocionalmente cons­truidas con materia precaria: una cifra. nací en 1977, el frío comienza a penetrar mis débiles huesos tropicales y la memoria de un tiempo no tan lejano se vuelve recurrente.

Durante mi infancia crecí cerca de la frontera entre Hon­duras y Nicaragua, eran los años ochentas, la denomi­nada década perdida o si pensamos en un contexto histórico más amplio el tiempo de la guerra fría. El barrio La Reforma fue uno de los principales asentamientos de familias de refugiados nicaragüenses, durante aquella década, mi vida transcurría jugando a una guerra con soldaditos de plástico, donde los sandinistas eran los malos y los de la contra revolución, los buenos, también me escapaba con mis amigos nicas al campo de futbol donde aterrizaban los helicópteros con muertos y heri­dos en los combates. De nuestro lado de la frontera el comunismo era la encarnación del demonio, del otro, era la esperanza de un pueblo oprimido históricamente por el saqueo y las dictaduras. En Honduras, no solo le dimos asilo a los nicaragüenses contrarrevolucionarios, también pusimos a disposición de los gringos, nuestras tierras, para que ellos pudieran construir sus bases mi­litares. Con ello nos trajeron la Doctrina de la seguridad Nacional y los desaparecidos. Eran los tiempos de las guerras civiles en El Salvador, Guatemala y Nicaragua; Honduras y Panamá funcionaban como bases de ope­raciones de Los Estados Unidos para impulsar el com­bate a la subversión comunista en el resto de Centroa- mérica. En Honduras se crea en mayo de 1983 el CREM )Centro Regional de Entrenamiento Militar, y en Panamá la famosa Escuela de las Américas.

Latinoamérica no es una suma de lugares comunes, es un territorio de diferencias y homologías

Segunda Demolición:

¿Qué puedo hacer en La Perla?

¿Debo sentirme parte de este contexto ? ¿Quien es esta gente que me rodea?

En la Perla Antonio nos invita a tomar mate, quiere que le contemos de la situación política de Venezuela y de Honduras. Empezamos haciendo la pregunta que nos hicimos desde que llegamos: ¿Como se puede trabajar en un sitio con una carga afectiva e histórica tan fuerte como La Perla?. Antonio responde primero con una son­risa Luego, exclama: El dolor del pasado hay que dejarlo atrás, lo importante ahora es compartir con las nuevas generaciones lo que ha sucedido aquí, para que esto no se repita. Para entonces ya se han sumado dos com­pañeros más mientras escuchamos a Aidana Rico, quien comienza narrando algunos acontecimientos históricos mientras va definiendo su posición crítica. Luego surge en la plática el dilema de ¿Que significa tomar partido?

Yo hablé de Honduras, y su mayor interés se concentra en los acontecimientos del golpe de estado del 28 de junio de 2009, en zelaya y en el Frente Amplio de Resis­tencia Popular. Están bastante informados.

La última vez que vi a Walter fue saliendo de una reunión con organizaciones internacionales de Derecho Huma­nos, venía con su cámara en la mano y nos pidió que posáramos para una foto

Tercera Demolición:

En Honduras han sido más comunes las ejecuciones sumarias y la tortura que las desapariciones de perso­nas. Si bien es cierto el número de crímenes políticos es reducido en comparación con otros países como Ar­gentina, estos son atribuidos a la criminalidad común y organizada. Solo entre el 2003 y el 2006 murieron más de 4,000 jóvenes.

La practica de desaparecer personas por razones polí­ticas, se inicia en Honduras en el año de 1979 (dos años después de mi nacimiento) desde ese año hasta 1995 se cuentan más de 200 personas desaparecidas.

Sin embargo, a partir de la crisis política que se desata producto del Golpe de Estado, desde el 2010 se reportan hasta la fecha un total de diez personas desaparecidas y vinculadas al Frente Amplio de Resistencia Popular:

1.-Osmin Obando Cáceres (22)

2.- Denis Alexander Russel (19)

3.-Luís Alexander Torres Casaleno

4.-Vilmar Edmundo Talavera Avilez

5.-Samuel Josué Pastrana Molina

6.- Francisco Pascual López

7.-Kelvin Omar Andrade Hernández (18)

8.- Mauricio Joel Urbina Castro (34)

9.-Oscar Elías López Muñoz (49)

10.-José Reynaldo Cruz Palma

Una de las cosas que más me impresionaron durante la residencia fue conocer a tanta gente comprometida y que participa activamente en el proceso de reconstrucción de la memoria histórica, no solo los compañeros y compañe­ras residentes del proyecto Demolición Construcción, sino también la gente que trabaja diariamente en la Perla. No podía dejar de pensar en Honduras, en como ese período de nuestra historia parece olvidado por el resto de la gente, incluso algunos de los hijos e hijas de desapareci­dos que conozco aquí, se rehúsan a hablar y llevan una vida muy distante de su memoria familiar.

La visita al Archivo Provincial de la Memoria fue muy significativa, ahí me interesaron mucho las baldosas y como estas se volvieron referentes para identificar algu­nos de los sitios de tortura por donde pasaron los des­aparecidos.

No he podido dejar de pensar en los días que estuve en la Perla, en las dificultades que había tenido desde en­tonces para pensar en algún proyecto que no tuviera que hacer simplemente por cumplir un compromiso. La Perla me trajo de nuevo a pensar mi realidad, lo que he­mos vivido todo este tiempo en Centroamérica, las ma­sacres en El Salvador durante la guerra, los pueblos arrasados durante la dictadura de Ríos Mont en Guate­mala, La invasión a Panamá durante la captura de Noriega y en la gente que fue torturada y asesinada durante el golpe de Estado en Honduras. Todo está conectado, todas estas violaciones se comenten en nombre del es­tatus quo, son respuestas intolerantes al cambio y a la transformación de los pueblos.

Pienso en la gente con la que tuve el privilegio de com­partir, de conversar y debatir.

Largas conversaciones con Aidana y con Rosina, mis compinches de Pluja me reconfortaban pensando que no era el único con esos conflictos, que La Perla no es un lugar fácil y que pensarnos desde nuestras realidades particulares era muy necesario para asimilar y entender estos procesos.

Debo decir que me impactó mucho cuando Ana Carolina Vergara, lanzo 2,500 fósforos al piso donde cada uno correspondía a una persona desaparecida.

Poco a poco comenzaba a sentirme parte

Entendí porqué las fantásticas intervenciones de Soledad fluían en un espacio como este, la fuerza del proyecto de Lucas y las visitas no guiadas de Gabi me sirvieron como punto de partida para hacer ese mismo ejercicio en mi propio proceso creativo.

De momento mi devolución es está imagen de la ventana de mi casa, donde últimamente tomo maté por las tardes, leo algunos de los libros que me compré en Argentina, mientras voy trabajando algunas posibilidades para obras nuevas, en las cuales quisiera abordar las ideas que se han catalizado gracias a la experiencia en La Perla.

Quiero finalmente agradecer a Graciela por la hierva de misiones, por su sentido crítico, por ser una gran anfi- triona, y compartir con nosotros su exquisito gusto por el cine y la buena literatura ah! y por llevarnos pan fresco todas las mañanas a Pluja. A Soledad por pensar en mi para la residencia, por su ejemplo militante, y por no guardarme rencor por ser un cocinero atrevido.

En verdad estoy agradecido con ambas por hacerme parte de esta maravillosa experiencia, por haberme acer­cado a gente que nos motiva a pensar el mundo en di­recciones más humanas y abiertas.

Nos vemos en Comalapa