Regina Galindo: “Cabecita negra”

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“Mi cuerpo no como cuerpo individual sino como cuerpo colectivo. Ser o reflejar a través de mí, la experiencia del otro. Me interesa investigar en la realidad, reinterpretarla a mi modo que, seguramente, no es muy esperanzador. Cada pieza, cada acción son escenas cotidianas del día a día o podrían serlo. En estas acciones se invierten los valores. El cuerpo en y las relaciones de poder están siempre manifestados de una u otra forma.” R.J.G.(2008)

“Soy chico, y pregunto, y escucho todo esto: Perón le regaló departamentos a los negros, y los cabecitas hacían asado con el parquet.” (Jorge Lanata en su autobiografía)

….. Entonces el señor Lanari bajó a la calle y fue en la niebla, a tientas, hasta la esquina. Y allí la vio. Nada más que una cabecita negra sentada en el umbral del hotel que tenía el letrero luminoso “Para Damas” en la puerta, despatarrada y borracha, casi una niña, con las manos caídas sobre la falda, vencida y sola y perdida, y las piernas abiertas bajo la pollera sucia de grandes flores chillonas y rojas y la cabeza sobre el pecho y una botella de cerveza bajo el brazo.
 Quiero ir a casa, mamá lloraba . Quiero cien pesos para el tren para irme a casa.
 Era un china que podía ser su sirvienta sentada en el último escalón de la estrecha escalera de madera en un chorro de luz amarilla.
 El señor Lanari sintió una vaga ternura, una vaga piedad, se dijo que así eran estos negros, qué se iba a hacer, la vida era dura, sonrió, sacó cien pesos y se los puso arrollados en el gollete de la botella pensando vagamente en la caridad. Se sintió satisfecho. Se quedó mirándola, con las manos en los bolsillos, despreciándola despacio.
 (fragmento del cuento “cabecita Negra” de Germán Rozenmacher)

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Fotos: Dolores Esteve (Córdoba,1978)

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