LUIS GONZALEZ PALMA: “Un injerto al paraíso”

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(Melia Azedarach vrs. Geoffroea Docorticans) El árbol del paraíso es para la religión católica un árbol mítico. Es particularmente interesante que en Argentina se haya nombrado así a un árbol proveniente del la región Himalaya del Asia oriental, una especie invasora que desplazó a otras autóctonas, la cual en su fruto contiene gran cantidad de neurotoxinas mortales para el ser humano y pequeños mamíferos.

Por otro lado, hay una especie criolla, llamada Chañar, la cual es oriunda de este país. Su fruto tiene propiedades medicinales, es expectorante, comestible y de él se prepara una bebida alcohólica.

Mi primera idea fue injertar esta especie criolla al árbol del paraíso, para contrarrestar la carga simbólica que tiene su nombre y la paradoja de producir veneno como alimento, así fue el origen de este proyecto. El sentido del mismo era injertarle el brote de un árbol con naturaleza contraria: criollo/invasor, medicinal/venenoso. Luego de investigar me di cuenta de que este proyecto era imposible de realizar ya que ambos árboles era genéticamente incompatibles. Cualquier intento de injerto hubiera sido un acto fallido, aún así, en un momento pensé en hacerlo de todos modos, a sabiendas de que sería un fracaso y el eso mismo sería la obra. Una metáfora de la imposibilidad al cambio.

Son dos los árboles del paraíso que crecen dentro de la casa en la que se ha estado trabajando el proyecto D/C, la vida presente en dos árboles que crecieron a raíz de una intervención artística anterior en el patio de esta casa que “muere”… Es por eso que en una segunda instancia de proyecto pensé en la posibilidad de trasplantarlos a otro lugar. Son venenosos para algunas aplicaciones, pero varios pájaros lo comen sin problemas y es usado también como fertilizante natural, paradojas de la Natura Mater.

Haciendo el proceso de proyecto llegué a la decisión de sacarlos de esta casa en donde sus posibilidades de crecimiento son muy reducidas. Llevarlos al campo, disponerlos entrelazados para hacer de ellos, con el tiempo y el cuidado, una escultura viviente que recrea el emblema del bastón de Esculapio y la serpiente enroscada.

Fotos: Equipo D/C

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